lunes, 6 de octubre de 2008

A un metro

Cuando voy en el metro, hay ocasiones en que me siento dispuesto y me gustaría entablar conversación con la persona que tengo a mi lado porque pienso con fuerza en que, algunas veces, hay gente que piensa lo mismo, y, en verdad, podría ser tan habitual como raro. Tantas cosas en común y ni una palabra...

Tengo una amiga que cuando subía al metro de Madrid daba las buenas tardes a la gente que ya estaba dentro (a un volumen de tan sólo dos personas a la redonda, no vayáis a pensar que lo gritaba, aunque eso sería más gracioso...igual se lo propongo...).

El problema (si es que lo hay) reside en que ese tipo de cosas no resultan formar parte de una práctica diaria, y es por eso por lo que siempre que ocurre algo parecido tendemos a pensar que se trata de alguien que no está bien de la cabeza. Sin embargo, creo que todos reaccionaríamos de una forma distinta en un caso especial (se nota cierta complicidad cuando el metro lleva mucho retraso, cuando el conductor desaloja los vagones advirtiendo que "este tren finaliza en..", o cuando se para demasiado entre estación y estación y alguien dice algo así como: "Hay que ver eh...todos los días lo mismo...").
Por ejemplo, sí después de mucho tiempo viendo a las mismas personas en el andén o en la parada del autobús antes de ir a clase o al trabajo (y no saludarlas en ningún momento), nos encontráramos con alguna de estas personas en el extranjero (por ejemplo), creo que no dudaríamos en ningún momento y saludaríamos tranquilamente para comenzar una conversación, porque, de repente, esa situación nos hace sentir más unidos y con más cosas en común(a mi me ha pasado...).

El caso es que estamos viviendo momentos extraños en los que no conocemos ni a nuestros vecinos...ni siquiera a los de nuestra misma planta, y con eso se pierden un montón de cosas.

Recuerdo cuando en Entrevías, mi barrio de toda la vida, toda la gente se conocía, se paraban y se saludaban (nadie tenía tantísima prisa como ahora), se ponían "a la fresca" todas las noches de verano sacando sus sillas a la calle y hacían corrillos hablando de las novedades del bloque y de todo lo que podían, los niños jugaban mientras tanto en la calle hasta que sus madres y abuelas "se recogían"(algunos padres y abuelos también llevaban a cabo esta práctica, por lo que no era una cosa exclusiva de mujeres...).
Recuerdo con cariño el sonido que emitía el camión (enorme trailer que casi no cabía en la plaza) que conducía el padre de nuestro amigo David. Hacía sonar la bocina cualquier tarde de verano mucho antes de poder divisarlo para que nos fuéramos preparando. Este camión era de una conocida marca de helados, y al llegar, siempre nos regalaba algunos de ellos al grupo de amigos. Estos helados eran los mejores del verano porque no nos costaban ni una peseta y sobretodo porque este hombre nos los daba sonriendo...OPS! Disculpad..me he ido del tema...
(Perdón por la nostalgia...)

La conclusión es que ahora prácticamente todos los barrios y ciudades son "zonas residenciales" y parece que no quisiéramos ser conscientes de que todos madrugamos para afrontar nuestras obligaciones, de que de que todos pensamos en la gente que queremos cuando estamos lejos, a todos nos conmueven las mismas cosas, lloramos por las mismas cosas, que reímos de las mismas cosas...al fin y al cabo, por mucho que nos empeñemos en lo contrario, no queremos que nadie se dé cuenta de lo iguales que somos...

Creo que todo esto es debido a la desconfianza generada por los sucesos que acontecen en el mundo y que vemos todos los días en las páginas de nuestros diarios o en las televisiones.

Yo mañana volveré a subir al metro temprano y seguramente actúe de la misma forma que lo hice hasta hoy pero al menos seré consciente y sonreiré al recordar que todo esto lo escribí en uno de esos viajes...

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

En el fondo todos tenemos pensamientos comunes...

Me has hecho volverme un poco más triste y nostálgico porque en mi barrio también se han perdido muchas costumbres de antes. Ya se sabe, las prisas, la edad, las obligaciones...

¿Dónde están aquellas noches de verano?, me pregunto.

Un abrazo, César.

nosoyrecomendable dijo...

Yo estoy convencida que es eso ... la desconfianza ... pero esto es la pescadilla que se muerde la cola ... desconfiamos porque pasan cosas y pasan cosas porque desconfiamos ... pueden estar atracando a la persona que está a 2 metros nuestro, pero como desconfiamos, no hacemos nada .... en cambio una persona que no desconfia se mete en una agresión de un hombre a una mujer, sale gravemente herido y encima la mujer defiende al agresor ... entonces??? qué leches, por no decir otra cosa, debemos hacer??? ...


las relaciones personales cada vez están más enrarecidas .... y cada vez nos volvemos más grises como las ciudades por el humo de los coches .... y es cuando piensas en comprarte una casa en el monte y darte a la vida rural y al "hermitañismo" ....


en fin! que a parte de soñar cosas raras, a veces también reflexiono .... y las reflexiones son mías, eh? .... no se las robo a mi hermano :P




oye .... mira el maiespeis ....


besos César! :D

Anónimo dijo...

que rezón tienes y cuantas veces habré pensado tus palabras....

todos los dias habría que proponerse saludar a un extraño, ayudar a alguien desconocido... y toy contenta porque justo hoy lo he hecho!!!

Esta mañana en la parada del bus me ha sacado de mi canturreo una chica argentina preguntandoome si tenía cambio de 20 euros... no tenía otra cosa y no le iban a cambiar el billete, con lo que no podía coger el bus y no llegaba al curro. "Yo te lo pago, no te preocupes" Es algo que creo q sale del alma, no? (:S)

bueno pues la chica casi se cae de culo, no daba crédito a mis palabras, quería mi dirección para devolverme el euro cincuenta....

Donde ha quedado nuestra humanidad?'?

Junkal (no sé pq me sale anonimo siempre.... aún no le he cogido el truquillo...)

piedra_de_sol dijo...

estar en el extranjero une (si, a mi también me ha pasado)... y tener perro!!!

en Salamanca no tenemos metro, y no mucha gente coge el autobús urbano... pero yo si, cosas de trabajar en el extrarradio... y me encanta conocer a la gente, con algunos si que te saludas, pero los buenos días y ya... es una pena, si, tendríamos que ser "mas de pueblo" en ese sentido... sentarnos en verano en la calle, saludarnos mas, mirarnos a la cara y no a los pies, sonreir.

y bueno, sobre los perros... ya te lo contaré detenidamente en un postconcierto... este temita te daba a ti para un monólogo bueno bueno...

un besote!

Anónimo dijo...

Por la profesión de mi marido aquí a Valencia siempre han venido compañeros de otras ciudades y otros países, pero los que más me sorprendían siempre eran los españoles. Los extranjeros ni se planteaban conocer al vecino, y menos los americanos. De hecho vivían aquí años y no aprendían ni el idioma. Los griegos, italianos y lituanos tampoco, aunque a éstos se les dan muy bien los idiomas.
Pero los españoles eran de alucinar. Había una catalana que me decía como con asco que es que aquí nos besábamos mucho, cada vez que nos veíamos (que era de semana en semana, no todos los días). Otra, esta madrileña, me decía que yo era una maruja porque conocía a todas las vecinas.
Pues a lo mejor sí que soy maruja. Pero "necesito" allá donde voy tener mi kiosco, mi súper, mi fruteria, y saludar, y que me saluden, y que sepan quién soy. Será una tontería, pero a mí me da seguridad, como que así reconozco mi territorio.
Nos estamos deshumanizando y yo me niego. Saludos.

efeperino dijo...

Hay demasiada gente interesada en que no nos demos cuentas de cuán iguales somos. La misma gente que ha conseguido aislarnos los unos de los otros. Estalló la burbuja inmobiliaria, a ver si un día estallamos nosotros también las nuestras propias.
A cuidarse compadre.

Magda dijo...

Recuerdo mi transición de un pueblo a la ciudad capital de mi país, Panamá, donde no dan los buenos días aunque lo hayamos repetido para ser escuchados y no ignorados. Ciudad donde cada cual vive en su burbuja sin importarle con el que está "a un metro". Claro está que es una generalidad. Siempre hay excepciones, por suerte. Sin darnos cuenta pasa el tiempo y molesta menos esa actitud, porque caemos en lo que tanto criticamos, no recordando que venimos de lugares cordiales, amables y alegres, donde la gente es abierta y nos dejan entrar...
Ciao César, cuídate

yaisha dijo...

Hola Cesar!
Yo tambien m acuerdo mucho de la plaza,de cuando salia del instituto y me sentaba debajo de tu ventana a escucharte tocar.A veces, o la mayoria de la veces me da verguenza,ya sabes...
Eyer me gusto mucho hablar contigo en el concierto aunque siempre me quedo con ganas de mas,me quedo con ganas de invitarte a una cervecilla y agradecerte tantas cosas,porque aunq tu no lo sepas tus canciones me ayudaron mucho,me hacian viajar a otro lugares,me hacian abrir el alma...me ayudaron mucho,me encanta escucharte y volver a esos lugares de mi interior y del exterior de los cafes,cuando iba con la grabadora a ponerla en primera fila para poder grabarte porque no tenia otro medio.Ahora te tengo mas cerca gracias a internet,en la sombra leo todos los correos de conciertos a los que casi nunca puedo ir porque estoy muy lejos y bueno estoy al dia de todas las cosillas...Espero q nos veamos prontillo,cuando vuelva a Madrid, en algun concierto o tomando una cerveza por ahi...o cuando vengas a Granada.Muchos besos de una amiga que siempre se acuerda de ti.